Historias de Horror

Cuentos de terror del escritor panameño Enrique Ceballos

En esta historia de horror, Aurelio sale siempre al bar por cervezas, esta noche conocerá a una mujer madura y solitaria.

Aurelio tenía como una costumbre, salir los fines de semana al bar que estaba cerca de su casa, a pesar de ser un hombre joven, no tenía novia ni muchos amigos, era esa clase de personas que esta más centrada en trabajar y llevar una vida solitaria.

Una noche en especial, una noche de sábado, Aurelio se dirigía al bar, ya eran tal vez las 9 de la noche y, luego de caminar por la calle hasta llegar al lugar, para su sorpresa, el bar que estaba cerca de su casa, estaba cerrado, sin ningún tipo de aviso, simplemente no abrió sus puertas.

¡Maldición! Se dijo a si mismo Aurelio, el era un hombre de rutinas y, no contemplaba que esto pudiera pasar, sin mas remedio que regresar a casa lleno de frustración, repentinamente una mujer madura, pero no por eso fea, sino mas bien muy simpática le dice:

– Buenas noches joven, veo que desea beber algo no es asi?

– Así es, pero como ve, no podrá ser.

– Bueno, si me permite, me gustaría que me acompañara a otro bar que si esta abierto, soy algo mayor que usted, pero le puedo hacer compañía, que le parece?

– Lo siento señora, no estoy interesado, pero gracias por el dato, caminaré un poco y buscaré otro bar, que tenga buenas noches.

Aurelio siguió su camino, dejando a la mujer alli parada en la noche, luego de un rato de caminata, encontró un bar abierto, el cual estaba algo solo, apenas si estaba el barman y, una mujer sentada en la barra. Aurelio se acercó y se sentó justo al lado de la mujer y, pidió su trago favorito.

– Hola joven pensé que no lo volvería a ver!

Aurelio se dio cuenta de que esa voz ya la había escuchado, se trataba de la misma mujer de hace un rato, pero, como hizo para llegar primero que el al bar, pero algo era diferente, la mujer que antes tenía un rostro lindo, ahora lucía algo demacrada. sin embargo, Aurelio no le dio importancia.

– Usted otra vez?… imagino que tomó un taxi, no pensé verla denuevo.

– Joven, podría yo ir a su casa y, pasar la noche con usted?

La pregunta asi de pronto y sin sentido, dejó a Aurelio, que casi se ahoga con el trago por la sorpresa, totalmente sin palabras y con los ojos muy abiertos de la impresión.

– No se sorprenda joven, soy una mujer madura, pero usted me gusta mucho, permitame ir con usted, le parece?

Por fin pudo reaccionar Aurelio a la propuesta, pero no de la mejor manera.

– Pero que le pasa señora?… creo que mejor me retiro, me ha arruinado la noche, esta usted desesperada por amor?

La mujer, muy dolida por las palabras de Aurelio, bajó la cabeza, pegándola totalmente en la barra, Aurelio dio unos pasos para salir del bar, pero al ver que tal vez fue muy grosero, regresó y, dándole unas palmaditas en el hombre a la mujer le dijo:

– Perdóneme, no quería hacerla sentir mal… me disculpa?

La mujer, levantó la cabeza y, giró el rostro hacia Aurelio, pero esta vez estaba mucho mas cambiada, la piel arrugada, sus lágrimas eran negras, sus ojos estaban rojos… era como si estuviera cambiando con cada negativa de Aurelio y, el se asustó tanto al verla, que salió velozmente de aquel bar en dirección a su apartamento.

Al llegar, ya era muy tarde, sus vecinos dormían, Aurelio tomó el ascensor, llegó a su apartamento y, se acostó en su cama hasta quedarse dormido. Sin embargo, unas horas mas tarde, unos golpes que provenían de su ventana lo hicieron despertarse, aunque al principio no vio nada, solo necesitó acercarse un poco, para que como un rayo asomara el rostro la mujer del bar, logrando asustar tanto Aurelio que hasta tropezó y cayó al suelo.

La imagen de aquella mujer ya era algo fuera de lo normal, era la cosa mas fea que el jamás había visto, ahora incluso le faltaban dientes y, una baba asquerosa salía de su boca, además de eso, aun se podía escuchar como le repetía que la dejara entrar, quería pasar la noche con el, no importaba las cosas que Aurelio le decía, ni cuantas veces le pedía que se fuera, ella no le hacía caso y no solo eso, lo mas tenebroso es que el vivía en un piso 11 y, esa mujer estaba asomada a su ventana.

Sorprendentemente, Aurelio se levantó del suelo, abrió la ventana y, mientras la mujer intentaba entrar frenéticamente al su habitación, él, la sujetó de su horrible rostro y, la empujó fuertemente hasta verla caer al vacío.

La mujer, ni siquiera gritó mientras caía, Aurelio sintió algo de alivio, pero luego recapacitó, tal vez acababa de asesinar a alguien, pensó… asi que salió de su cuarto, para bajar a ver si la veía, sin embargo para su sorpresa, al estar el parado en el área de las escaleras, escucho una voz que provenía desde abajo en la entrada del edificio, esto lo hizo mirar y, alli en el fondo, muy abajo, estaba la mujer, quien parecía estar mirándolo, ahora mucho mas horrible que antes.

– No puede ser… no puede ser…esta mujer es un demonio…

La mujer empezó a subir las escaleras desde abajo, pero sin dejar de mirar a Aurelio, era algo totalmente bizarro, como alguien podía subir escaleras sin dejar de mirar hacia arriba… puedes imaginarlo? -y no solo eso, aquella mujer aceleraba mas y mas, cada vez subía mas y mas rápido, en un instante estaba ya en el piso nueve, sin dejar de mirar a Aurelio, que parecía estar hipnotizado por la mirada de la mujer.

Pero pudo reaccionar y entrar a su apartamento, cerrar la puerta y apagar las luces, estaba tan asustado que se puso de rodillas en el piso, mientras, luego de un silencio, una sombra se paro justo frente a su puerta de entrada y, empezó a tocar la puerta.

– Que demonios quiere, esta loca?

Aurelio no dejaba de temblar, pero luego los golpes en la puerta cesaron y, la sombra desapareció, Aurelio estuvo al menos mas de 40 minutos sin levantarse del suelo, estaba aterrado, pero logró hacerlo y acostarse en su cama, arroparse con la sabana hasta la cabeza y, justo cuando por fin sintió que todo había terminado…una voz le dijo:

– DUERME CONMIGO!

Una mano enorme le cubrió el rostro, dejando ver por última vez sus ojos casi desorbitados por el terror que seguro experimentó en ese momento.

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