Historias de Horror

Cuentos de terror del escritor panameño Enrique Ceballos

En esta historia de horror, un hombre cuenta una experiencia espeluznante de lo que le sucedió, cuando apenas era un niño.

 

Desde pequeño, siempre le tuve temor a lo que pudiera esconderse debajo de mi cama, ya se que tal vez era algo tonto pensar en que un monstruo horrible se escondiera alli, pero como niño al fin, le tenía mucho miedo a la oscuridad y, a cualquier cosa que la utilizara para no ser visto.

Recuerdo que mi gran miedo, el cual me hacía ver, imaginar y, hasta escuchar cosas en lo oscuro, solo era aliviado cuando corría desesperado a encender la luz y poder ver que no había nada en mi cuarto, que todo era mi miedo jugándome una mala pasada.

Mis padres como era normal, no permitían que durmiera con ellos, querían que perdiera el miedo absurdo que me dominaba, no los culpo, los entendía, pero eso no les daba derecho a no creerme, la no che en la que les dije que vi una mano esconderse debajo de la cama, al momento en que yo entraba al cuarto y encendía la luz. Sí, por fin lo había visto, por fin descubrí que no solo era mi miedo irracional a la oscuridad lo que jugaba con mis sentidos, era algo real, algo lo suficientemente real para asustar a un niño pequeño. Y mis padres, nunca me creyeron.

Al pasar el tiempo, me di cuenta que mi única forma de evitar que eso estuviera debajo de mi cama, era tener una luz encendida, el problema era que mis padres, en su afán de hacerme un niño valiente, no me dejarían encenderla, asi que opté por colocar una linterna debajo de mi cama, para evitar que se escondiera alli.

Mientras, yo dormía siempre de lado, mirando a la pared, para no escuchar ni tener que ver nada, todo estuvo bien por varias semanas, mis padres no sabían que yo colocaba esa linterna todas las noches, ni tampoco se podía esconder el monstruo debajo de mi cama.

Hasta que luego de unas semanas sin novedades, nuevamente volvieron los ruidos una noche, pero, esta vez eran diferentes, eran mas intensos, mas que ruidos, parecían palabras que no lograba entender, el miedo comenzó a recorrer mi cuerpo nuevamente, como era posible, si yo mantenía la linterna encendida debajo de la cama, no podía ser…

Fue entonces cuando me di cuenta, los ruidos no venían de debajo de mi cama, me dí vuelta lentamente, metí mi mano debajo de la cama para tomar la linterna, cuando la tuve en mi mano, alumbré hacia el techo rápidamente y, allí estaba, ese monstruo estaba pegado al techo de mi cuarto, mirándome con una sonrisa, no lo puedo describir, pero era terrorífico, yo quedé paralizado por el miedo, de mis ojos salían lágrimas, pero antes de poder reaccionar, aquella cosa saltó del techo y cay+o encima de mi ahorcandome.

No podía gritar, no salía ningún ruido de mi boca, solo atiné a tirar la linterna, logrando despertar a mi padre quien corrió hasta mi cuarto en mi ayuda, apenas el entró apurado a ver que me pasaba, aquella cosa me liberó, desapareciendo al encender la luz.

Mi padre me abrazó fuertemente, no se si llegó a ver a ese monstruo, pero lo que si vio, fueron las marcas en mi cuello, marcas de dedos enormes que parecían haber quemado mi piel. De eso ya casi 20 años, ahora soy un adulto, tengo una esposa y una pequeña niña, pero nunca he podido olvidar lo que me pasó y, en esta casa, yo cuido a mi familia, aqui nadie duerme con las luces apagadas, se lo expliqué a mi esposa y, se lo enseñé a mi hija.

Aun asi, aveces, cuando las luces de los cuartos están encendidas, pero las de la sala y la cocina están apagadas, de allí, todas las noches, provienen sonidos e incluso voces muy extrañas.

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