Historias de Horror

Cuentos de terror del escritor panameño Enrique Ceballos

En esta historia de horror, una joven trata de ayudar a un niño perdido.

Una noche cuando Johana regresaba del trabajo conduciendo su auto por un camino iluminado por las luces de los postes, una pequeña silueta sentada en la base de uno de ellos le hizo detenerse, mas que todo porque no era usual ver a la gente deambular alli a esas horas.

Al bajarse y aproximarse a la silueta, poco a poco se fue revelando ante sus ojos que no era mas que un pequeño niño de tal vez unos 6 años de edad, el cual, estaba algo sucio y parecía perdido, sin embargo le mostraba una tierna sonrisa a Johana.

– Niño, que haces aquí a estas horas, estas perdido?

El niño luego de mirarla a los ojos, sin parar de sonreír le respondió:

– Sí, pero ella siempre hace lo mismo, me deja solo para que yo la busque.

Johana, sorprendida por la naturalidad con la que el niño le había contestado, se activó un sentido materno dentro de ella, a pesar de no tener hijos propios, le pareció una gran fata de responsabilidad por parte de la madre de este niño, dejarlo así solo de noche, entonces tomó la decisión de llevarlo en su auto hasta la estación de policía mas cercana.

– Ven, sube a mi auto, te llevaré a un lugar seguro, no es bueno que estés solo a estas horas de la noche, tu mami puede ir a buscarte adonde vamos.

El niño sin decir nada se fue junto con Johana, al llegar a la estación de policía, Johana le pidió al niño que se quedara en el auto mientras ella buscaba un oficial y, asi lo hizo. Johana explicó la situación al guardia de turno y, ambos salieron a buscar al niño, sin embargo, el niño no estaba dentro del auto, Johana le aseguró al oficial que ella lo había dejado alli esperando, pensaron que tal vez el chico bajo del auto y, que lo mas seguro es que estaría cerca.

El oficial y Johana buscaron y buscaron por los alrededores pero fue inútil, el niño simplemente había desaparecido, Johana no tuvo mas remedio que dar la descripción del niño al oficial, quien daría la alerta para tratar de encontrarlo, mientras, johana, un poco triste por no saber donde estaba el niño, retomó su camino a casa.

Al llegar a casa, Johana, quien vivía sola fue sorprendida repentinamente por el niño, el cual estaba dentro de su casa sentado en el sofá de la sala, como si la estuviera esperando, siempre mostrando aquella sonrisa que no abandonaba su rostro.

– Pero… que haces aqui, como es que has entrado a mi casa?

– Es que mi mami me dijo que la esperara aqui, en tu casa…

– Que?

La respuesta dada por el niño, le dejó los pelos de punta a Johana, no tenía ni idea de como había entrado, ya que ni la puerta ni las ventanas habían sido alteradas, ella trató de calmarse y disimular sus nervios y, le preguntó al niño por su nombre, de esa forma buscaría alguna información sobre el y tal vez de su familia.

– Cual es tu nombre niño?

– Mmmmm… no lo recuerdo, hace mucho que se me olvidó!

El niño respondió de esa forma con un tono muy infantil, dejando a una ya nerviosa Johana, aun mas inquieta, sin embargo, Johana, con la ayuda de su teléfono celular, tomó una foto del niño, mientras se alejaba de el en dirección a las escaleras que daban a la habitación de arriba, pero no pudo dar un paso más, al ver lo que revelaba la foto, aquel niño en la imagen, lucía totalmente negro, oscuro, apenas sus ojos brillaban en la toma, era como ver un cadáver carbonizado, Johana entró en pánico y, el niño se le comenzó a acercar poco a poco diciéndole:

– Mami, mami donde estabas?

– Aléjate de mi, yo no soy tu madre, retrocede, tu no estas vivo…

Johana tenía razón, con cada paso que el niño daba, más y más se parecía al de la foto, su cuerpo se iba tornando negro, al punto que era como ver una completa oscuridad, donde solo el brillo de sus ojos indicaba donde iba su rostro, pero el se acercaba a ella a cada paso, repitiendo lo mismo:

– Mami, mami, donde estabas?

– Por favor!… no te me acerques, no soy tu madre.

De pronto, el niño se detuvo ante la súplica de una aterrada Johana, justo frente a ella, para luego girar solo un poco su cabecita y, poder ver detrás de Johana, fue entonces cuando Johana se dio cuenta de que el niño al decir “Mami”, no precisamente se refería a ella, ya que unas manos de mujer, pero igualmente negras y espeluznantes salieron de detrás de ella, para tomarla del rostro, Johana intentó darse vuelta, pero era imposible, este espectro que era la madre del niño, la estaba halando hacia atrás, mientras el solo observaba siempre con su sonrisa.

– Mami, donde estabas, te esperé mucho, siempre me dejas solo.

Johana cerró los ojos con toda su fuerza y, sin saber como logró liberarse y correr hasta salir de la casa, llorando y al borde de un ataque al corazón, ella llamó a la policía y, no volvió a entrar a la casa hasta que ellos la revisaran, por supuesto, no había nadie dentro y, la conclusión fue que tal vez era un ataque de estrés por mucho trabajo, o simple alucinaciones de Johana. De todas formas ella no volvió a tomar esa ruta para regresar a casa después del trabajo, aunque hay noches, en las cuales aveces la despierta la voz del niño llamando a su mami, junto con una pequeña sombra dentro de su cuarto, que al encender las luces, simplemente se desvanece.

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