Historias de Horror

Cuentos de terror del escritor panameño Enrique Ceballos

La leyenda del hada de los dientes, tal vez sea un poco diferente a la que nos han contado desde niños, esa hermosa fábula …continue reading Cuento de terror: El hada de los dientes

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La leyenda del hada de los dientes, tal vez sea un poco diferente a la que nos han contado desde niños, esa hermosa fábula en la cual ponemos nuestros dientecitos de leche recién caídos debajo de la almohada, y mágicamente al día siguiente encontramos moneditas, puede que tal vez no sea del todo precisa, al menos, así no fue la que me contó mi abuela cuando yo era niño.

El día que mi abuela decidió contarme aquella historia, me llevó aparte, ella ya era muy ancianita y sabíamos que pronto iba a morir, así que yo pensé que tal vez era una especie de confesión, esto fue hace apenas unos meses atrás, lastimosamente, ya murió.

Me dijo que cuando yo era muy niño como para recordarlo, sucedieron cosas muy extrañas en el pueblo, en cuanto un niño comenzaba a perder sus dientes de leche, si los padres no tenían cuidado, el niño también desaparecía sin dejar rastro, pero en otros casos, pasaba algo aún más espeluznante, algo que me ha dejado la sangre helada desde que me lo dijo, y creo que jamás voy a poder superarlo.

Resulta que al pueblo había llegado una vendedora ambulante de todo tipo de dulces, algodones de dulce, pastillas, caramelos de colores, y diversas chucherías, nadie sabía de donde había venido aquella señora, su rostro era difícil de ver, ya que usaba un enorme sombrero que al mantener su mirada baja, lograba ocultar su cara. Los padres al fin y al cabo estaban muy ocupados en sus cosas y preocupados por los ya desaparecidos, para poner atención en que sus hijos formaban una aglomeración todas las tardes al salir del colegio alrededor de la vendedora, para comprarle sus cosas, tanta era la cantidad de dulces que comían que a veces no querían probar la cena, mi abuela me dijo que incluso yo, por medio de mi hermanita, había probado de aquellos dulces.

Según contaban los niños, la vieja no hablaba mucho, apenas con un susurro les ofrecía su mercancía, el tiempo pasó, y luego de un par de semanas, (según me decía mi abuelita que en este punto ya estaba algo nerviosa) los niños comenzaron a enfermar, sus cuerpos se llenaban de verrugas y granos, fiebre alta, vómitos, pero algo muy impactante, era que a todos se les empezaron a caer los dientes, pero no uno como normalmente sería, sino que todos, dientes y muelas, lo espeluznante era que en sus boquitas habían gusanos, unos horribles gusanos de diferentes colores, justo como los caramelos que vendía aquella misteriosa señora, esos gusanos se estaban literalmente comiendo las encías de todos los niños.

Cuenta mi abuela que esa noche en mi casa mi hermanita se despertó gritando, con su almohada llena de sangre debido a la perdida de sus dientes, ella lloraba desesperadamente, además decía haber visto una mujer en su cuarto, y que aquella mujer se encaminó hacia mi habitación, mi abuelita, junto con mis padres corrieron a mi lado, y me conto con lágrimas en sus ancianos ojos, que jamás pudo olvidar lo que vio, había una mujer sumamente extraña, de largas extremidades, ojos como de serpiente y manos huesudas, sujetando mi cabeza, y con una lengua verde, larga y bífida, estaba succionando la sangre de mis encías, ella misma no tenía dientes, y su rostro, ahora visible, era horrendo, aquella aberración parecía tener un saco lleno de dientes, aparentemente los recolectaba de sus víctimas, y allí estaba echando los míos, junto con los de otros cientos de niños.

Aquella mujer me dejó libre en cuanto mi abuela y mis padres intentaron atacarla, pero aunque lograron salvarme, esa noche muchos niños desaparecieron, incluyendo mi hermanita, que se había quedado sola en su habitación, nadie sabe que era esa cosa o de donde había venido, pero definitivamente no tenía nada que ver con el hada de los dientes que siempre he escuchado yo. Mi abuelita murió poco después de revelarme lo que había pasado, yo por fin comprendí porque desde muy pequeño utilizo una prótesis en vez de una dentadura normal, ya veo que no fue una enfermedad como me contaron mis padres.

Ahora ya soy un adulto, tengo mi propia familia, e incluso tengo un niño que pronto mudara sus primeros dientecitos de leche, su madre ya le ha contado sobre el hada de los dientes, y el está listo para esperar su recompensa en monedas, pero yo conozco la verdad, y tiemblo de terror, cada vez que mi esposa, le trae caramelos de colores a nuestro pequeño hijo.

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