Historias de Horror

Cuentos de terror del escritor panameño Enrique Ceballos

Un cazador, encuentra mas que una simple presa para cazar.

Un cazador, mientras apuntaba su arma a un ciervo distraído en el bosque, de pronto vió como el animal, corría despavorido asustado, no por el cazador, sino porque algo más lo había estado asechando.

En principio, el cazador molesto, pensó que se trataba de alguna otra persona que había asustado al ciervo, sin embargo, se sorprendió al ver como una enorme bestia que parecía un cruce entre un oso y un lobo, le daba caza al ciervo finalmente atrapándolo y devorándolo frente a sus ojos.

Los gruñidos de aquella bestia, no eran comunes y, hacían que todo su cuerpo temblara de miedo, aun así, con el pulso temblando, apuntó a la bestia y le disparó hiriéndole en un costado, aquel animal, giró su rostro hacia el cazador, para luego correr aullando de dolor y perderse en la mitad del bosque, dejando el cadáver mutilado del ciervo.

El cazador empezó a seguir las huellas del animal, las cuales se mezclaban con la sangre que iba derramando por la herida del disparo, de pronto, las huellas desaparecieron, las marcas dejadas por las pezuñas del animal en la tierra ya no estaban… o mas bien.. sí estaban, pero las huellas cambiaron de ser pezuñas, a pies humanos y estas llegaban justo a una pequeña cabaña ubicada casi fuera del bosque.

El cazador sujetó su rifle fuertemente y, se dirigió hacia la cabaña, pensando que tal vez estaba abandonada y que allí se había refugiado el animal. Una vez estando en la puerta de entrada, la empujó suavemente con la mano y al abrirse, rápidamente apuntó con el arma, buscando a la bestia escondida.

Sin embargo, lo único que encontró fue un niño de unos 10 años, sentado en una silla, comiendo algo que parecía ser carne cruda, aquel niño, ni siquiera reaccionó al notar al cazador, era como si nadie hubiera llegado.

-Oye niño, que haces aquí solo, es muy peligroso, estoy persiguiendo un monstruo… lo ví entrar aquí…pero solo estas tú.

El niño, dejó de masticar, miró fijamente al cazador y le dijo:

-No se de que monstruo habla señor, aquí solo estamos mi madre y yo…

-Tu madre?

y dónde está?

-Ella está en su cuarto, descansando…

-Debo hablar con ella, advertirle que deben irse de aquí..

-No lo creo señor, mi madre esta de muy mal humor, creo que está enferma.

El cazador, a pesar de lo que el niño dijo, pensó que lo mejor era advertir a la señora, así que se dirigió al cuarto donde estaba.

-Disculpe que la moleste señora pero…

No pudo continuar hablando el cazador, cuando vio a la mujer acostada desnuda en la cama, su cuerpo parecía medir al menos 2 metros, tenía partes de su cuerpo cubiertos de pelos, uñas largas y… sobre todo…tenía una herida de bala en un costado, de la cual brotaba mucha sangre,

El cazador, sin tiempo de analizar exactamente que pasaba, su instinto de supervivencia, ese que todos tenemos, le hizo sentir un frío en la espalda, junto con la necesidad imperiosa de salir de ese lugar lo mas pronto posible.

Pero al girar para salir del cuarto, el niño cerró la puerta, dejándolo atrapado junto con su madre.

-Que haces?

Déjame salir de aquí, que esto, quienes son ustedes?

-Mi madre está mal herida, está dormida para tratar de curar su herida, pero ella va a necesitar algo de comer cuando despierte y, yo aun no se cazar como ella.

El cazador, pasó horas y horas golpeando la puerta para tratar de salir, gritando y pidiendo ayuda, hasta que de pronto se escuchó un fuerte golpe y unos gruñidos detrás de la puerta, luego…silencio total.

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