Historias de Horror

Cuentos de terror del escritor panameño Enrique Ceballos

Eduardo, el galán del pueblo, estaba acostumbrado a enamorar a casi todas las chicas que le prestaran atención, y por supuesto, no podía perder …continue reading Cuento de terror: ¡No vayas a mirar!

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Eduardo, el galán del pueblo, estaba acostumbrado a enamorar a casi todas las chicas que le prestaran atención, y por supuesto, no podía perder la oportunidad de intentarlo con la nueva “presa” del lugar, Julia, una chica muy linda y coqueta, tenía a todos locos en el colegio, su piel era blanca y suave, sus ojos chocolates claro, y unos cabellos largos que llegaban hasta su cintura, eran los detalles perfectos para Eduardo.

Luego de un tiempo llegaron a ser amigos, a Eduardo le gustaba ir lento pero seguro en estas cosas de conquistas, no era que realmente le gustara nadie, para él coleccionar chicas lindas era como un hobby, y esta no se podía escapar. Una noche invito a salir a Julia, y la fue a buscar a su casa, pero al llegar, desde fuera solo se veía una luz tenue dentro de la casa y todo en silencio, Eduardo antes de tocar la puerta, quiso asomarse por la ventana, con la idea tal vez de tener una mejor vista de la chica, sin embargo lo único que vio fue una sombra enorme que paso rápidamente por toda la sala, no se parecía a nada humano ni normal.

-¿Pero qué diablos fue eso?… debe tener un perro enorme.

Eduardo se repuso de la impresión y tocó la puerta, después de unos segundos, una joven muy parecida a Julia, pero a la vez muy diferente lo recibió, esta chica se llamaba Rosa y era hermana de Julia, pero no era muy atractiva, era más bajita, para nada coqueta, mal arreglada, tenía lentes y frenos, y claro, para un chico como Eduardo esto era casi motivo de risa, pero se contuvo y con una leve sonrisa le preguntó por Julia.

-Hola, buenas noches, ¿se encuentra Julia?…

-¿Eres Eduardo verdad?…Julia me habló de ti, ella se está arreglando, pero no vayas a mirar ¡eh!… ¿es verdad que vamos a acampar en el bosque?

-¿Vamos?… ¿te dijo que fueras?

-Sí, ella y yo siempre salimos juntas, es que yo soy la bonita y Julia es la fea, así que nos gusta siempre equilibrar…

Eduardo parecía no entender cómo era posible que esta chica dijera que ella era la bonita y Julia la fea, era algo ridículo siquiera de pensar, pero no le interesó mucho esa conversación, más bien estaba molesto de tener que ir con un estorbo, y además fea. Esto arruinaba sus planes, pero al fin salió Julia a verlo.

-Hola Eduardo, veo que ya conoces a mi hermanita, disculpa que no te avisara que ella iba con nosotros, espero no te moleste.

-No… claro que no… solo que me dijo que estabas arreglando para salir, y que no te fuera a mirar, ¿acaso cree que soy un pervertido?

-¡Jajá! no Eduardo, no le hagas caso…bueno vámonos.

Habiendo aclarado la situación, los tres se fueron a acampar esa noche en las orillas del bosque, al llegar prepararon la tienda, y encendieron una fogata para sentarse alrededor, allí conversaron un poco, pero Eduardo estaba algo incómodo, porque Rosa no paraba de mirarlo fijamente, mientras él no dejaba de mirar a Julia, que estaba especialmente hermosa esa noche, más que nunca, pero al hacerse un poco tarde, pensaron que ya era hora de irse a dormir, así que las chicas decidieron ponerse sus piyamas, para lo cual le pidieron a Eduardo respeto y que no mirara mientras ellas se cambiaban de ropa, aunque Rosa tenía otra idea en mente.

-Julia, hermana, ¿te importa si le pido a Eduardo que me acompañe a hacer pipí?….es que no aguanto las ganas y el bosque está oscuro.

-Por mí está bien, así yo me cambio aquí en privacidad, para cuando regresen ya estaré lista hermana, y espero que tú también.

-Lo estaré hermana, lo estaré.

Eduardo cambio su rostro a un gesto desagrado, el esperaba en todo caso quedarse con Julia, y poder verla desnuda tal vez, pero sus planes fueron una vez más arruinados por Rosa, así que fue de muy mala gana.

-Esta bien Rosa, yo te acompaño…

-¡Eres un amor Eduardo! (le dijo Julia), pero no vayas a mirar a mi hermanita ¡eh!

Él ya estaba molesto de escuchar eso de “No vayas a mirar ¡eh!”, y mientras caminaba con Rosa se lo recriminó durante la conversación que mantenían, a lo que ella le dijo:

-No te molestes por eso Eduardo, nosotras somos así, no nos gusta que nos vean desnudas, creo que a ninguna mujer le gusta que la espíen, y menos mi hermana Julia, que es la fea de la familia, yo que soy la bonita lo puedo tolerar más, en ocasiones claro.

-Pero que cosas dices Rosa, tú discúlpame, pero no eres para nada más bonita que Julia, ella es la bonita, la fea eres tú.

Rosa se sintió un poco triste por la manera tan grosera en que Eduardo le había hablado, así que no dijo más nada, y se limitó a acomodarse para hacer su necesidad y luego vestirse en ese lugar, por supuesto, no podía faltar la advertencia, aunque esta vez de una forma muy seria, y algo tenebrosa.

-Eduardo, voltéate, me voy a cambiar, y ¡NO VAYAS A MIRAR EH!

-¡¡Por Dios!!… ¡has lo que quieras, no me interesa espiarte!

El chico muy molesto por todo lo que pasaba, se volteó para dar privacidad a Rosa, sin embargo, el suave sonido que hacía la ropa al recorrer el cuerpo de Rosa, era algo muy tentador para Eduardo, quien pensó que  si no podía ver a Julia, pues algún beneficio había que sacarle al paseo, asi que intentó ver con el extremo de su ojo, sin lograr nada, giro levemente su cabeza, y fue cuando los sonidos fueron cambiando, era como si escarbara, como si gruñera, Eduardo se asustó y volvió a mirar al frente, en ese momento los sonidos raros cesaron, y todo fue un silencio.

-Ya casi termino, ¡NO VAYAS A MIRAR EH!

Eduardo no soportó más y volteó a mirar totalmente en un acto de rebeldía, al hacerlo, tuvo suerte de que su corazón no saliera disparado de su pecho, al ver a Rosa, con su piel toda en el suelo como si fuera ropa, sus brazos eran largos, huesudos y con un color gris, sus uñas largas y negras, su boca, o más bien su quijada, se estiró hasta llegar al suelo, sus ojos cambiaron a blancos, lo poco que quedaba como para describirla era una especie de piel escamosa que lucía vieja y llena de cartílagos, sus dientes también eran ahora colmillos, Eduardo cayó de espaldas en el bosque, sus ojos no creían lo que veían, pero logró levantarse para poder salir corriendo de allí, no sin antes escuchar a Rosa decirle con una voz gruesa y terrorífica:

-¡Te dije que NO FUERAS A MIRAR!

Sin dudarlo, Eduardo empezó una frenética carrera por su vida de regreso a donde estaba la tienda, mientras Rosa lo perseguía arrastrándose por el suelo a gran velocidad contorsionando su cuerpo de forma tétrica, con una larga lengua con la que intentaba darle caza.

Los gritos desesperados de Eduardo se escuchaban por entre los árboles de todo el bosque, hasta que por fin llegó hasta la tienda donde estaba Julia:

-¡¡JULIAAA!!… ¡¡JULIAAAAA!! AYUDAME… TU… TU HERMANA… ¡ES UN MONSTRUO!

Julia estaba adentro de la tienda cambiándose también, Eduardo se encontraba tan asustado que se olvidó de eso y entró sin avisar, descubriendo a la chica desnuda, la cual lo miró fijamente con unos ojos, cuerpo y rostro totalmente indescriptibles, solo Eduardo que la tenía frente a él era capaz de describirla, y lo hacía gritando de terror, más, mucho más que cuando vio a Rosa, luego sus gritos fueron silenciados por un golpe seco, seguido de unos ruidos como cuando un animal salvaje está comiendo una presa.

Rosa también llegó a la tienda, ya con su figura humana normal, y de forma irónica le dice a su hermana quien no paraba de comer:

-¿Lo ves Julia?… siempre es igual, todos corren de mí, y eso que le advertí que la fea eras tú… déjame algo esta vez.

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